Caos en la montaña – Nota original de Marcelo La Gattina Triamax.com
La lluvia le había puesto un toque más de color a la 9º edición del Cruce de los Andes. Los que vinieron a buscar aventura en el medio de la cordillera, estaban encontrando ese toque especial que le da el agua a este tipo de competencias.
Pero a medida que pasaron las horas, y el agua continuó cayendo, también fue complicando la logística y organización de la prueba. Los caminos que unieron el campamento uno, con el de la llegada de la segunda etapa, se fueron anegando.
En la jornada de ayer, se pudo comenzar a armar lo que fue la llegada de hoy, pero el agua caída, impidió que se completara el traslado de los elementos. Además, el paso del camión, que trasladó la primera tanda de contenedores, rompió un puente.
Una vez que comenzó la jornada de hoy, quedó armado la mitad del campamento en la llegada y el traslado del resto de los elementos, varados a cinco kilómetros, sin poder llegar.

Se puso peor
La situación impidió completar el armado del campamento dos en el lugar prefijado, y la organización decidió armar un segundo campamento a cinco kilómetros de la meta.
El gran problema fue que algunos corredores se encontraron con el contenedor en la zona de llegada y los bolsos a cinco kilómetros. Otros tenían todos sus elementos en el nuevo campamento y algunos, ni siquiera podían encontrar su container.
La sonrisa de los participantes, por haber cumplido con los exigentes 26 kilómetros de la segunda jornada, se fue borrando a medida que pasaban las horas. Las inmensas fogatas que se armaron y el asado, sirvieron para romper con el frío y recargar energías. Pero la situación, estaba lejos de mejorar.
Cansados, con frío, y mucha bronca, la gran mayoría de los participantes fueron bajando la montaña en busca de sus elementos. Algunos arrastraban la bronca de ayer, por quedar varados en el puente colgante y perder la lancha para cruzar el lago. Otros, se tomaron con tranquilidad la situación. “Estas son cosas que suceden en este tipo de competencias de supervivencia. Estamos en el medio de la montaña, hay que tomarlo con calma”, contaron Tracy Sproule y Stephanie Curren, dos norteamericanas que vinieron a conocer la patagonia con motivo de la competencia.

Reorganizarse
A medida que pasaban las horas, se pudo ir armando el nuevo campamento. Allí se montó una carpa en donde se fue sirviendo comida y bebidas calientes a los corredores. La situación fue retomando su curso….

Según la información de la organización, al cierre de esta nota, mañana la prueba continua. El recorrido no fue confirmado, pero sería por un trayecto alternativo, sin el cruce de frontera.
Nota completa: Triamax.com
Otra nota de Triamax: A un paso de un triunfo
La montaña impuso respeto
Por Juan Pablo Calviño D’Ambra Atletas.info
La adrenalina dispara y cualquiera que se interponga es un “enemigo” del ritmo a seguir. A veces no se miden los riesgos y muchos se doblaron los tobillos al descender en medio del bosque, repleto de surcos, raices sueltas y piedras. La vegetación ayudaba a cortar el viento y no sentir tanto el frío de la ropa mojada.
Tras salir a un camino de ripio recto y en bajada, con los cuadriceps ya cansados, era un milagro no aterrizar de boca al piso. Luego el camino se aligero, se volvio más ondulado, con desniveles pero no tan pronunciados. Los geles se van acabando, el camel vaciando y si alguien tiene un GPS cerca es imposible pasar junto a él sin preguntarle el kilometraje.
El camino monótono para lo que venimos acostumbrados pone la cabeza a prueba. Cada vez falta menos pero no hay señales de la meta.
Dos badeos rompen el esquema de lo que venia siendo una etapa seca para los pies (porque el cuerpo es una sopa). Tras unos minutos más el arco se distingue a la derecha, ahora si que no falta anda, solo cruzar el río Foyel, con el agua helada hasta la cintura y una correntada más que interesante.

Ahora si, 200 metros y el arco con el reloj marcan el fin de la segunda etapa del Cruce de los Andes. Pero como esto no es una carrera como las demás la historia sigue. Tras agarrar la hidratación y acercarse a uno de los fogones gigantes para calentar el cuerpo, uno lo que quiere es cambiarse la ropa, comer y descansar. Grata sorpresa se llevaron cuando los containers no se encontraban. Debido a las lluvias solo un camión pudo llegar al campamento, por lo que la mayoría de los equipos tuvo que caminar 4 kilómetros extras hasta un campamento donde ahí si pudieron abrigarse y tomar algo caliente
Nota Completa: Atletas.info