Diarios de viaje III: Crónicas de la maratón de Malvinas
Que son 3 minutos 30’’ segundos en 2h 55’ de competencia ?? Si como buen economista uno saca el cálculo es aproximadamente el 2% sobre 100. Quizás no sea mucho pero en Malvinas esa diferencia fue lo que separó el primer lugar del tercero, o en otras palabras lo que hizo que el británico merecidamente ganará la carrera dejando en segundo lugar al Keniata y en tercer lugar a mí.
Generalmente prefiero esperar unos días para poner en palabras lo vivido en cada experiencia y sobre todo si se trata de Malvinas, pero hoy mi cabeza funciona a mil revoluciones y quería darle forma para contarlo.
Y aquí estoy, frente a mi compu escribiendo.
Mentiría si digo que en el fondo de mi corazón no existía el sueño de ganar acá, en esta tierra donde hace casi 30 años nuestros compatriotas dejaron todo por Argentina. Las expectativas eran grandes, muy grandes pero siempre digo que las carreras se ganan corriendo y no terminan hasta que terminan. Si bien un tercer puesto es algo de lo que estoy muy orgulloso pero no por la posición en sí, sino por saber que lo dí todo y más aún.
Desde que llegué a Malvinas y ya en Punta Arenas fue muy lindo encontrarme con tantos argentinos y fue un privilegio poder escuchar lo vivido por algunos veteranos de guerra. No soy nadie para opinar pero la verdad que me han dejado sin palabras, después de haber escuchado sus experiencias.
Minutos antes de la largada ver a un Keniata con sus cincuenta y tantos kg me hizo saber que la carrera iba a estar lejos de ser lenta y sumado a los dos británicos de la fuerza naval me di cuenta que iba a sufrir y mucho en la carrera si quería soñar con un triunfo.
La pregunta es como se le gana a un africano que corre por lo menos 20’ más rápido que yo? Y si uno se pone a analizar es teóricamente imposible pero a veces la práctica no escucha la teoría y bueno era mi única herramienta a jugar. Físicamente no se podía, pero en condiciones climáticas tan adversas la cabeza juega un papel fundamental y es ahí donde quizás podía marcar la diferencia. Había que intentarlo con toda la garra, y bueno la esperanza es lo último que se pierde.
Lo que no había previsto son los dos excelentes atletas que había enviado la marina británica. Así que hasta el km 6 fuimos 5 atletas, y del km 5 y hasta el km 14 quedé con el keniata y los dos británicos, que fueron sumamente amables durante toda la carrera. El ritmo era muy, muy fuerte y yo hacía lo que podía para aguantarlos y sumado al viento indescriptible que había era una carrera sin piedad. Aguanté, aguanté hasta donde pude pero en el km 14 aprox. el grupo me colgó y quedé solo frente al viento. El quinto estaba lejos y los primeros se iban y se iban. Esos momentos en donde uno sufre y sufre se hace muchas preguntas y son en esos momentos donde uno tiene que ver lo positivo en lo negativo, la claridad en la oscuridad, los objetivos en la adversidad. Es justamente ahí donde tenemos que hacerle frente y dejar de lado esos demonios que se cruzan y te dicen que pares, que abandones, que ya no podes. Es un momento critico y bueno pude sobrellevarlo, como tantas otras veces. Faltaban todavía más de 26 km y todo podía cambiar o no, pero había que intentarlo.
Y lo intenté y lo intenté y fui a buscarlos pero la distancia era cada vez mayor pero seguí sin bajar los brazos en ningún momento. Continué y allá por el km 26 le empecé a achicar muy de a poco algunos metros al británico que venía tercero y así fue que en el km 30 lo alcancé y lo pasé. Los primeros estaban lejos a más de 7 minutos y faltaban 12 km viento en contra. Y cuando digo viento en contra nadie que no estuvo en Malvinas sabe de lo que hablo, era algo de no creerse. Estuve en muchas islas y lugares con muchísimo viento pero esto era de no creerse. Pero el viento era para todos iguales, el viento no hace discriminación de raza, ni sexo, ni de ningún tipo, había simple y sencillamente una solución y era enfrentarlo.
En ese momento, en el km 31 aprox. de la competencia algunos argentinos me dicen que la punta estaba muy lejos. Dudé por unos segundos de bajar un cambio y no machacar tanto el organismo pero en ese preciso momento miré hacia la derecha donde se veían las montañas, el mar, y me acordé lo que me comentaba mi amigo cordobés Ever Moriena que estuvo en la guerra de Malvinas 70 días pasando hambre, frío y viviendo situaciones muy difíciles y me dijé a mi mismo que un sueño solo se termina cuando se cierran los ojos. Así que salí con todo a intentar agarrar la punta, dejé todo y me dolió en el alma. Fueron 10 km de puro huevo en donde el dolor era casi insoportable.
Les desconté importantes minutos pero lamentablemente no alcanzó con garra, esfuerzo y cabeza. Terminé a 3’30’’ del primer lugar y a 1 minuto 30 segundos del segundo.
Uno hace todo lo que puede y solo queda festejar por el esfuerzo, independientemente del resultado. Lo importante es nunca bajar los brazos y dejarlo todo en la carrera
Argentina quedo muy bien representada, las mujeres ocuparon el primer, segundo y tercer puesto de la general de mujeres y un equipo de postas integrado por veteranos de Malvinas se llevaron el primer puesto. Es una alegría inmensa saber lo que lograron y es un orgullo haber sido parte de esta delegación que viajo a las islas.
Felicitaciones a todos y cada uno de los que bajo estas condiciones climáticas adversas consiguieron terminar la carrera
Estoy infinitamente agradecido a toda la gente que me ha apoyado en este viaje y todos los que me siguen.
Gracias a la Municipalidad de La Falda, Gustavo Ortiz y Efecto Pomelo, Casa Irwo y mi abuela y a toda mi familia que hicieron posible este sueño de correr acá en Malvinas.











